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"Si le das un pescado a una persona podrá comer un día,
pero si le enseñas a pescar podrá comer toda la vida"

(14-10-2016) Las Cúspides Conductuales

Equipo ÀnimaTEA

 

Según Rosales-Ruiz y Baer (1997) una cúspide conductual es una conducta que lleva al organismo a entrar en contacto con nuevas contingencias del entorno, refuerzos o castigos, que antes no estaban disponibles. El ejemplo prototípico es el del bebé que aprende a gatear. El gateo da acceso al niño a una relación diferente con el ambiente. Por ejemplo, puede acceder, manipular y descubrir objetos y juguetes del entorno que antes no llegaba a alcanzar y se relaciona de diferente manera con los adultos. Las cúspides conductuales tanto pueden llevar al sujeto hacia conductas socialmente deseables como no deseables, pero todas, una vez aprendidas dan acceso a una nueva relación con el entorno.

A diferencia de otras teorías del desarrollo basadas en etapas como la teoría del desarrollo cognitivo de Piaget (1971) o la teoría del desarrollo psicosocial de Erikson (1983), el desarrollo des del punto de vista del análisis de la conducta se basa en las contingencias ambientales que moldean la conducta de cada persona. La mayoría de teorías basadas en etapas describen estructuras mentales cada vez más complejas y presentan una idea del desarrollo más bien universal. En el caso del análisis de la conducta, las conductas más importantes pueden ser también muy simples y, en ocasiones, idiosincráticas (tanto la propia conducta como la forma de aprenderla) (Bosch y Hixson, 2004).

Para Bornas y Noguera (2002) la propuesta de las cúspides conductuales presenta parecidos claros con el enfoque de Thelen y Smith (1994) de la Teoría de los Sistemas Dinámicos del desarrollo. Incluso se podría decir que el constructo teórico de las cúspides conductuales sería el nexo de unión más importante entre las teorías conductuales y sistémicas actuales (Smith et al., 2006), llevándonos hasta una conceptualización Conductual-Sistémica del desarrollo.

Ya que en la práctica clínica nos es de gran utilidad la selección de conductas a trabajar, Bosch y Foqua (2001) consideran que para que una conducta pueda considerarse una cúspide conductual debe cumplir los siguientes requisitos:

  • Generatividad: que la conducta sea un prerrequisito de respuestas más complejas.
  • Acceso a nuevos refuerzos, contingencias o ambientes: la conducta debe proporcionar acceso a estos.
  • Competición con respuestas inapropiadas: si la conducta compite o reemplaza a otra conducta inapropiada.
  • Validez social: debe cumplir las demandas de la sociedad y la comunidad en la que se desenvuelve la persona.
  • Número e Importancia relativa de personas afectadas: la conducta debe ser beneficiosa para las personas del entorno.

Algunos ejemplos de cúspides conductuales (Hixson, 2004) serían: imitación generalizada, condicionamiento automático de refuerzos, decodificación y comprensión de la lectura, aprendizaje del “Naming”, componentes del repertorio de solución de problemas o mantenerse en una tarea ardua.

Conocer qué conductas son las más importantes para el desarrollo, como son las cúspides, resultan de gran utilidad en las intervenciones psicoeducativas actuales, especialmente en el tratamiento del autismo (TEA). La utilización de un buen currículum comprehensivo que abarque todas las áreas del desarrollo resulta de gran ayuda, pero para su confección es necesario, aparte de basarse en un aprendizaje jerárquico, conocer en qué conductas básicas nos debemos centrar para conseguir los mejores resultados en el menor tiempo posible. La investigación actual se centra en conocer las conductas clave para la intervención, aunque es necesario un mayor consenso sobre qué conductas se pueden considerar cúspides conductuales (Eikeseth y Klintwall, 2014).

 

Referencias:

Bornas, X., y Noguera, M. (2002). Bases científicas de la terapia de conducta: nuevas propuestas para un viejo problema. International Journal of Clinical and Health Psychology, enero, 9-24.

Bosch, S., & Fuqua, R. W. (2001). Behavioral cusps: A model for selecting target behaviors. Journal of Applied Behavior Analysis, 34, 123–125.

Bosch, S. & Hixson, M. D. (2004). The Final Piece to a Complete Science of Behavior, Behavior Development and Behavioral Cusps. The Behavior Analyst Today, 5, 244-254.

Eikeseth, S., & Klintwall, L. (2014). Educational interventions for young children with autism spectrum disorders. In V. B. Patel, V. R. Preedy, C. R. Martin (Eds). Comprehensive guide to autism (2101–2123). London: Springer

Erikson, E. (1983). Infancia y sociedad. Buenos Aires: Horme-Paidós.

Hixson, M. D. (2004). Behavioral cusps, behavioral repertoires, and cumulative-hierarchical learning. The Psychological Record, 54 (3), 387–403.

Piaget, J. (1971). Psicología de la inteligencia. Buenos Aires: Psique.

Rosales-Ruiz, J., & Baer, D. M. (1997). Behavioral cusps: A developmental and pragmatic construct for behavioral analysis. Journal of Applied Behavior Analysis, 30, 533–544.

Smith, G. J., McDougall, D., & Edelen-Smith, P. (2006). Behavioral cusps: A person-centered concept for establishing pivotal individual, family, and community behaviors and repertoires. Focus on Autism and Other Developmental Disabilities, 21, 223–229.

Thelen, E. & Smith, L.B. (1994). A dynamic systems approach to the development of cognition and action. Cambridge, Massachussetts: The MIT Press.

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